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La Alhambra

Historia de la Alhambra

Bajo la dinastía nazarí la colina de Alhambra pasa a ser durante dos siglos y medio ciudad palatina y centro del poder político del Reino de Granada.

Tras la conquista realizada en el año 1237, Muhammad I, primer sultán de dinastía nazarí, decidió ubicar su capital en Granada. Al año siguiente escogió la colina de la Sabika para instalar su residencia, disponiendo la adaptación del lugar a las necesidades de un recinto defensivo y la traída de aguas del río Darro a través de una acequia, llamada Acequia Real. A partir de este momento se inicia la historia arquitectónica del conjunto, que irá desarrollándose hasta el siglo XV, en el que la actividad artística declinará, al tiempo que las vicisitudes políticas fueron volviéndose progresivamente contra los gobernantes musulmanes de Granada.

La Alhambra es el resultado de una serie de construcciones concebidas como una unidad. Sucesivamente los sultanes de Granada fueron incorporando nuevos edificios, reformando los anteriores, redecorándolos, proceso que no se detuvo con la conquista cristiana, ya que los palacios se adaptaron a los gustos y tradiciones de sus nuevos moradores.

En 1492, la Alhambra fue incorporada al patrimonio de la Corona como Casa Real, asignándole la Capitanía General del Reino de Granada y una jurisdicción propia diferenciada de la de Granada, incorporándola al programa de castellanización de los Reyes Católicos, concebido para dotar de estructuras administrativas y políticas a la ciudad recientemente conquistada.

Los Reyes Católicos se reservaron los palacios nazaríes más importantes para establecer la residencia real en ellos. Para su reparación mandaron venir a artesanos de Levante, Zaragoza, Sevilla y Córdoba, haciendo que el legado islámico se fusionase con el mudéjar y con los temas ornamentales renacentistas.

En 1526, tras su boda con Isabel de Portugal, el emperador Carlos V durante su estancia en la Alhambra demostró la admiración que sentía por sus abuelos, decidiendo la edificación de un palacio que, junto a la capilla mayor de la catedral de Granada como panteón de la Corona española, legitimara en el último enclave islámico de Occidente al mayor defensor del mundo cristiano. El palacio de Carlos V, atribuido a Pedro Machuca, además de ser el símbolo del poder cristiano sobre el musulmán, dada su presencia entre las construcciones nazaríes, se entiende también como el palacio propio añadido por el nuevo sultán de Granada, ahora rey cristiano, a los edificados por sus predecesores.

En 1718, se suprimió la Capitanía General y, hacia mediados del siglo XVIII, tras tres siglos en la alcaidía de la Alhambra, el rey Felipe V desposeyó a los marqueses de Mondéjar y condes de Tendilla de la posesión de este título, por haber negado su apoyo a los Borbones en la guerra de sucesión de la Corona. Desde entonces la Corona se apropió de los recursos destinados a obras, entrando la Alhambra en una fase de abandono y decadencia que, con la ocupación y retirada de las tropas napoleónicas, llega a su peor momento.

Después de la Guerra de la Independencia, la Alhambra quedó convertida en un lugar desolado, que atrajo la mirada de los viajeros extranjeros que comenzaron a visitarla y admirarla, difundiendo internacionalmente su imagen como monumento histórico-artístico universal. El elogio que tuvo de artistas de toda índole y procedencia, la convirtieron en fuente de inspiración y en objeto de todas sus creaciones. La ensalzaron viajeros como Richard Ford, escritores como Teófilo Gautier y Washington Irving, y numerosos pintores.

En el siglo XVIII la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando inicia unas visitas de inspección en la Alhambra, que fueron realizadas por arquitectos. Resultado de estas visitas fue la publicación en 1765, de las Antigüedades árabes de España de José de Hermosilla, Juan Pedro Arnal y Juan de Villanueva, en donde se incluye el primer plano acta de la Alhambra.

Tras la revolución de 1868, el Estado incautó todos los bienes de patrimonio real, quedando la Alhambra desvinculada de la Corona, pasando a dominio público. En 1870, la Alhambra fue declarada Monumento Nacional, con una asignación de los Presupuestos Generales del Estado destinada a atender su conservación.

Desde 1828 hasta 1907 una familia de arquitectos y restauradores, los Contreras, estuvo cargo de la Alhambra, llevando a cabo unos trabajos de restauración estilística, que incidió en la ornamentación. Entre ellos, Rafael Contreras se caracterizó por dotar a la Alhambra de una imagen que, no correspondiéndose con la realidad histórica, respondía al ideal de estilo árabe que ellos habían creado, acentuando su carácter oriental. Tras el incendio de la Sala de la Barca, el 18 de septiembre de 1890 se comisionó al arquitecto Ricardo Velásquez Bosco para que realizara un informe, que emitió en 1903, redactando en 1917 La Memoria del Plan General de Conservación de la Alhambra.

Entre 1907 y 1923 el arquitecto Modesto Cendoya realizó unas serie de intervenciones arqueológicas, que no llegó concluir./p>

Entre 1923 y 1936 el arquitecto Leopoldo Torres Balbás, formado en arqueología e historia del arte, realizó un intenso trabajo, en el que aplicó los criterios conservacionistas basados en los principios de la Carta de Atenas de 1931.

Tras la guerra civil, en que la Alhambra apenas sufrió sino ligeros daños, la nueva administración, con una fuerte carga simbólica, se hizo cargo de la conservación del monumento.

El 9 de marzo de 1940 se estableció un Patronato con el fin de instalar una residencia en el palacio de Carlos V y el 13 de agosto de ese año se promulgó un decreto de ampliación de ese Patronato a toda la Alhambra.

Desde 1942 hasta 1970 el arquitecto Francisco Prieto Moreno se puso al frente de la conservación de la Alhambra, prosiguiendo los trabajos de su maestro Leopoldo Torres Balbás, implantando gran parte de los elementos urbanos y paisajísticos de los actuales itinerarios turísticos. Para ello contó con la ayuda del catedrático granadino Manuel Gómez-Moreno Martínez, y en adelante del también granadino Antonio Gallego Burín, director general de Bellas Artes en 1951. En 1942 se creo el Museo Arqueológico de la Alhambra bajo la dirección de Jesús Bermúdez Pareja, y un año después tuvo lugar la declaración de Jardines Históricos de la Alhambra y Generalife.

Con la llegada del Estado de las autonomías se produce un traslado de competencias a Andalucía generando en 1986 unos nuevos Estatutos del Patronato de la Alhambra y el Generalife. Desde el año 2008 el desarrollo del nuevo Plan Director de la Alhambra se convierte en un instrumento estratégico para la gestión del conjunto monumental.

En la actualidad las nuevas experiencias sobre la conservación han puesto en valor el territorio donde se asienta el conjunto monumental y la necesidad de ampliar a aquel la interpretación global de su estructura. Es obligatoria también la adopción de medidas cautelares y el mantenimiento continuo del monumento llevado a cabo por equipos técnicos multidisciplinares.

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